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lunes, 25 de marzo de 2013

Otra ecuación descuadrada

Hay un señor o señora (por llamarlo/a de alguna forma, aunque sea excesiva) que hace una ley (se la saca de la manga porque de la cabeza, NO) según la cual mientras estás cobrando la Renta de Inserción Activa te sale gratis el gasto de farmacia, pero cuando se acaba la ayuda (cosa que ocurre inexorablemente cuando la has recibido durante 11 meses), también se acaba la ayuda en el gasto de farmacia. O sea, antes me dabais algo de dinero (lo de los 400€ para entendernos) y la farmacia gratuita, ahora no ne dais nada y tengo que pagar la farmacia como un trabajador cualquiera aunque esté en el paro.

Respuesta del funcionario de turno ante mi extrañeza: se supone que si ya ha dejado de cobrar la ayuda es porque ya no la necesita, porque ha encontrado trabajo y por lo tanto toca pagar como cualquier trabajador.

A ver si me entero, el señor o señora de arriba, dicta una ley según la cual dejar de cobrar la Renta de Inserción Activa significa haber encontrado trabajo, pero a renglón seguido añade que sólo se puede cobrar durante 11 meses, han de pasar 12 meses antes de volver a solicitarla y sólo se pueden conceder un máximo de 3 veces en la vida.

¿Qué no cuadra en esta ecuación?


martes, 14 de diciembre de 2010

En esta tierra


Hace ya unos cuantos años, alguien me dijo que los de por aquí hablábamos muy mal. Se refería a mi familia. Yo me quedé con la copla aunque no le dije nada, ya sabes, los niños es mejor que estén calladicos delante de los mayores. El caso es que un buen día me percaté de que lo que hacíamos era utilizar muchas palabras y expresiones típicamente aragonesas, de la tierra. Lejos de achicarme, me propuse que ese espíritu iba a perdurar en lo que a mí se refería, seguiría usando esos vocablos y expresiones le pesase a quien le pesase, que eso me daba y me da igual, y así se lo trasmitiría a mi descendencia, en este caso, a mi hija. A ella le encanta cuando hablo en deje maño, como lo llama ella, y cada día o casi, se sorprende al escucharme decir alguna nueva palabra, y es que me se un montón, no es por presumir, es que me siento orgullosa de mi bagaje, de mi herencia, no en vano me hace recordar a mi madre, pues mucho lo aprendí de ella, lo mamé y nunca mejor dicho.

Como para muestra con un botón basta, allí va un pequeño diálogo entre dos amigos. Anselmo y Serafín. Amigos desde la mili, compadres de toda la vida y claros y francos como los que más.

Se encuentran en casa de Anselmo, charrando de todo un poco y de nada en concreto.

Anselmo..., ¡que esbarras!, que la cosa no fue así. No sabes ni gota de lo ocurrido.

No seas trapazero, si lo sabré yo que estaba allí mesmo.

Mejor lo dejamos estar. Ahora vuelvo que me estoy pixando.

(Se oye un estrapaluzio)

Maño... ¿qu'aces?

Na, que se me ha escacharrau una tasa. Trae el badil pa recoger los piazos y el perrecallo del fregadero pa limpiar el desaguisau.

(Arreglado el estropizio, se sientan en la mesa de la cocina)

¿Qué t'a paizido la feria?

Muy birriosa, no había casi de na.

Mira qué eres desustanziau, de todo te tienes que quejar

Calla y trae una miaja de pan pa pasar la chulla, y una botellica tinto

Jacinta tiene unos tiestos muy majos, tiene mano pa las plantas, en cambio la Manuela es una destarifada, no atina ni de casualidad

No te quejes, que vives a cuerpo de rey.

Pedrico es el que está un poco anieblau últimamente.

No es na, mal de querenzia. Juanita que no le hace ni caso y el mozete anda un poco atontolinau.

¡Ay, juventud, divino tesoro!, ¡quién la pillara!

(Y así, pasan las horas, dando un repasico al vecindario, recordando viejos tiempos y echándose algo a la barriga)

Mi pequeño homenaje a esta tierra y a mi mai.

(imagen, cortesía de la red)

jueves, 26 de febrero de 2009

Para cuándo dice que lo quiere

Juan trabaja en un taller de reparación de automóviles. La señora Pp le ha llevado su utilitario apurada por la extrema necesidad que tiene de él. Imagina cuál será la respuesta a la pregunta que le formula Juan "¿Para cuándo dice que lo quiere?"


La señorita Zp se acaba de comprar un piso, y claro... "¿Para cuándo dice que lo quiere?". Baste decir que está viviendo de prestadillo en casa de unos amigos.


Se te ha estropeado el ordenador y lo necesitas para trabajar. Puedo imaginar tu respuesta cuando el técnico te pregunte: "¿Para cuándo dice que lo quiere?"


la tele hace aguas (bueno, en realidad hace nieve), parece ser que la antena tiene problemas. El técnico de turno se presenta, echa un vistazo y te dice: "¿Para cuándo dice que lo quiere?" mientras estás pensando en el partido de la noche.


Y así podría citar montones de situaciones parecidas. Pero veamos la otra cara del asunto: cómo reaccionan los interpeladores al recibir la respuesta de los interpelados. Tal vez guarden muy bien las apariencias, pero no me extrañaría nada que fuera lo que a continuación te muestro


jueves, 4 de diciembre de 2008

Camino de regreso

Paseando por la red he encontrado esta bonita foto que me da pie para contarte una historia que tal vez sea cierta.



Sin saber por qué había salido de su casa nada más despuntar el día. Abandonó el calor de su hogar, cogió un par de cosas que siempre llevaba consigo y salió sin tan siquiera volverse a mirar aquella casa que había sido su hogar en los últimos años.
Durante la noche había nevado copiosamente, un manto blanco cubría el paisaje, testigo mudo de la marcha apresurada de un caminante ajeno a todo cuanto le rodeaba. A cada paso, la huella de su dolor quedaba plasmada en el frío suelo como testigo de una impotencia contenida, esa impotencia que no es sino expresión de la derrota.
Le dolía su felicidad de antaño, felicidad que se había tornado en un presente oscuro y un futuro inexistente. No entendía cómo era posible perder en un instante aquello por lo que había luchado, aquello que siempre había deseado y le había brindado tantas horas inolvidables. Mejor hubiera sido, pensaba, no haber conocido la felicidad si al final todo quedaba en un sueño macabro.
Por unos instantes alzó la mirada al cielo y maldijo su suerte al contemplar los rayos de sol que le cegaban, le dolía el alma aunque no comprendía bien el significado de esta expresión. Se dejó llevar a un mundo en el que lo irreal le estaba ganando la partida, ese mundo de ficción en el que todo es posible. Siempre que se sentía abrumado acudía a su mundo, en él podía hacer y deshacer a su antojo, sin embargo ese su mundo le había dado la espalda. ¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? Quería imaginar un presente mejor, pero no le placía; deseaba aniquilar el dolor pero éste había decidio anidar en su interior; ansiaba olvidar lo ocurrido pero se empeñaba en volver una y otra vez.
Muchas fueron las horas en las que caminó sin rumbo fijo, simplemente ponía un pie delante de otro, no le importaba el destino, caminar era su forma de alejarse del mundo real, ese mundo plagado de desdichas, tropiezos y sinsabores olvidando la parte más dulce del mismo.
Cuando el cansancio se hizo presente, ajeno al tiempo y a todo con lo que durante el camino se había tropezado, levantó una vez más la vista y ante sus ojos se dibujó su casa, había encontrado el camino de regreso. En la cocina, su madre le esperaba con la comida recién hecha y a través de la ventana vió, con asombro, un cerco alrededor de la casa hecho de pisadas sobre la nieve. Había olvidado el motivo de su enfado.



viernes, 28 de noviembre de 2008

La a es la primera


Antes que salga el sol
Acurrucado entre las mantas,
Amante del silencio,
Abre tus ojos somnolientos.
Abre el torrente cálido
Aséate, sin olvidar las legañas,
Admírate en el espejo y
Atusa ese cabello rebelde.
Alimenta tu cuerpo entumecido,
Asoma la nariz
Al mundo exterior y
Abrígate hasta las orejas.
¡Ánimo! la nueva jornada
Acaba de empezar.
Acóplate en tu asiento,
Arrincona la pereza
Antes que el jefe
Aparezca a hurtadillas
Aquello que no terminaste
Ayer a última hora,
Ahora te aguarda impasible
Alojado en quién sabe dónde.
A la hora del almuerzo
Acallas el rugir de tus entrañas
Abriendo la boca sin freno
Al filete con patatas.
Añoras el refugio de tu casa
Ansías tu reencuentro con ella
A la hora señalada
Allí te irás muy deprisa.
Antes harás una paradica
Aún te queda tiempo,
A los amigos hay que cuidar
A menos que otro plan te espere.
Así un día y otro también,
Al curro desde casa,
A casa desde el curro.
Al fin y al cabo esto es así.
Aquí llega el final
A la cama has de ir
Al cálido arrumaco
¡Ay, pobre de tí!

jueves, 20 de noviembre de 2008

Un pinar, una calle, un día


Al abrir las ventanas de mi hogar puedo disfrutar de la naturaleza, es una suerte tener delante de casa un bonito pinar. El día está soleado aunque la neblina esté presente y dejo entrar la calidez del sol. Oigo, a lo lejos, el trajín de los coches, no es excesivo, por lo que lejos de molestarme me recuerdan que ahí fuera hay vida. Ningún establecimiento comercial ha querido ocupar un hueco en mi calle, de modo que la gente que camina por ella, pasea sin prisas, empapándose del sol que tan agradable resulta en invierno.


Cuándo llega la noche se convierte en una calle oscura y solitaria, que invita a guarecerse en casa, al calor del hogar. Tanto mi hija como yo nos dedicamos al estudio, ella con su recién estrenada carrera de Historia y yo con mis matemáticas intentando hacerlas un poco más sencillas y comprensibles. No me puedo quejar, aunque mi trabajo es eventual y no me permite hacer planes, por lo menos trabajo en lo que me gusta.


La mañana la dedico a visitar a mis amigos bloggeros y otros nuevos que poco a poco voy descubriendo, escribo en el mío, y trabajo en mi proyecto. Tal vez no sirva para nada, pero siento fascinación por los números primos y desde hace varios años estoy inmersa en un estudio sobre ellos. Estas dos ocupaciones, más bien hobbis, hacen que la mañana trascurra tranquila. Algunos días salgo a dar un corto paseo, siempre que la salud me lo permita. Resulta extraño que una persona andarina, como lo he sido siempre, ahora se tenga que conformar con mucho menos. Pero es lo que hay y no puedo hacer nada por ignorarlo.

Al final de la jornada siempre leo un poco, y aprovecho para ver la tele, aunque la mayoría de las veces la tenga como música de fondo. Y cuando los párpados empiezan a pesar, y las líneas del libro empiezan a bailar, cierro el libro, apago la tele, echo la llave a la puerta y... la noche dará paso a un nuevo día.

No obstante, no hay dos días iguales, siempre se añade algo nuevo a la rutina, a mi rutina: una llamada telefónica, una visita, un problema que surge, y lo mejor de todo, las chácharas que montamos mano a mano, mi hija y yo, todos los días tenemos algo con lo que reir, algo que comentar, algo que comunicar y compartir.

Un día, no uno de tantos, sino el día de hoy; no uno especial, sino el día de hoy; no uno cualquiera, sino el día de hoy.


Feliz día.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

¿2 x 2?


El domingo pasado escuché en el telediario la siguiente noticia: "Para equiparar las titulaciones a nivel europeo, los que quieran trabajar en la enseñanza tendrán que hacer un máster en el que, otras cosas, tendrán que estudiar pedagogía, porque no cuenta tanto lo que se sepa sino cómo se enseñe". Hasta aquí no puedo estar más de acuerdo, aunque la alegría duró lo que dura un suspiro, porque a continuación dijeron: " en España, tal máster durará un año aunque en el resto de países tiene una duración de dos años". Y aún hay más, "en España llevamos muchos años de retraso en este tema". O sea, que para arreglar el desaguisado, en España se ofrece un barato del susodicho máster. No está mal, llegamos tarde y encima mal, vamos, una versión descafeinada. Y digo yo, si tan mal funciona la educación del país, si tan mal preparados tenemos al personal, ¿no sería mejor meterles caña en lugar de hacer una ñapa?. Porque eso es lo quieren hacer, un apaño que no va a solucionar gran cosa. Los futuros educadores seguirán estando mal preparados para realizar su tarea y encima un año más en la universidad. No me extraña que el gallinero se haya alborotado, les van a sacar otro pastón (a sus resignados padres en la mayoría de los casos) y total p'a ná.


Y es que esto es España: llegar tarde y mal. ¿Cuándo se darán cuenta (quienes tengan que darse cuenta) que el problema de la educación en España es más grave de lo que los políticos quieren admitir? y eso que lo que se dice admitir, lo admiten. Yo no entiendo nada, aunque claro, primero haría falta saber cuántos educadores componen el Ministerio de Enseñanza (o como quiera que lo llamen ahora, porque de enseñanza más bien poco), cuántos de esos sesudos señores (y señoras, mitad y mitad) han pisado un aula (no cuentan los años de escolares). Que alguien les diga que sobran teóricos y faltan prácticos de la enseñanza. Teorizar es fácil, cualquiera con cierta labia es capaz de hacerlo (con frecuencia tengo mis dudas si los teóricos saben ellos mismos de lo que están hablando), pero lo otro..., qué poco saben del día a día, qué poco polvillo de tiza han tenido que respirar, qué poco saben de lo que les ronda por la cabeza a los adolescentes, qué poco saben, en definitiva, de lo que significa abrir una puerta y entrar en un aula.


El máster ese, que lo hagan primero los mandamases, pero bien hecho, que para tiritas echamos mano del botiquín casero y asunto concluído. O mejor aún, que se metan en un aula atestada de niños o jovenzuelos y que no salgan de ella hasta que el polvillo de la tiza les llene los pulmones. Y si ya no se estila lo de la tiza, da lo mismo, la tiza a la que me refiero sigue estando vigente.


sábado, 8 de noviembre de 2008

Chicas y chicos de oro



Hace pocos días rescaté del olvido esta entrañable y divertida serie. Cuatro señoras que protagonizan mil y una historias a cuál más divertida, pero siempre con un mensaje entre líneas sobre la convivencia, las relaciones personales y la superación.

No obstante ahora quiero hablar no de estas cuatro chicas de oro sino de las que podemos encontrar muy cerca de nosotros. Yo tengo el orgullo de contar entre mis alumnos con unas chicas de oro para admirar. Tres mujeres mayores (o por lo menos eso indican sus respectivos DNI) que están dispuestas a estudiar matemáticas. Normalmente trabajo con alumnos algo más jovencitos, esos a los que por algún extraño motivo, se les atragantan las matemáticas. Sin embargo, ahora puedo premusir de poder contar con la presencia de tres mujeres de aupa para las que aprender ¡matemáticas! se ha convertido en un reto y están dispuestas a aprender. Resulta contagioso su afán por comprender eso que han tenido atragantado desde hace ni se sabe el tiempo.

La edad no es ningún obstáculo para hacer cosas nuevas. Desde aquí quiero aplaudir a tantas personas ¿mayores? que siguen ilusionándose con nuevas cosas, que se atreven con aquello que parece les está vedado, que nos dan ejemplo de superación. Lo mejor de todo es que no se agobian, van a su paso y nos demuestran que lo importante es seguir caminando, que nunca es tarde para aprender, que cada día tiene un montón de posibilidades, en definitiva, que la edad no es impedimento para seguir disfrutando de la vida.

Ojala cuando seamos chicas o chicos de oro, tengamos ese ímpetu, esa ilusión y esa decisión por llevar adelante un nuevo proyecto. Olé por ellas y por ellos.

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Mando a distancia?



Un gran invento el del "mando a distancia" Te sientas en el sofá y te preparas para ver tu película favorita, para escuchar tu música, para grabar ese programa que tanto te interesa, para reajustar el sonido de tu home cinema, para... Y allí lo tienes, el mando a distancia, ese maravilloso invento que te permite realizar una variada gama de actividades sin necesidad de abandonar tu hueco del sofá, ese hueco que con el paso del tiempo te reconoce (a lo Homer Simpson). Todo es perfecto. Pero ¿he dicho que allí lo tienes?, eso es lo que te gustaría porque la verdad es que el mando a distancia nunca lo tienes a mano cuando lo necesitas. Y no podría ser de otra manera, su mismo nombre lo indica: "mando a distancia", es decir, mando que está a distancia, porque siempre que lo necesitas está... a distancia. Ya puedes adjudicarle una ubicación, colocar un guardamandos de cualquier tipo, que siempre que lo necesites estará... a distancia.
Una vez acomodado en tu hueco, alargas el brazo para echar mano del mando y ¡oh sorpresa! está al otro extremo de la habitación, o mejor aún, alguien se ha apoderado de él, y ya se sabe, quien tiene el mando, tiene el poder. Adiós a tu película, tu música, adiós a tu plan.
Lo mejor de este artilugio es que proporciona un interesante juego (de habilidad) entre los miembros de la familia, juego que produce un fenómeno extraño en la pantalla del televisor cuando el susodicho artefacto pasa de mano en mano: aparece en la pantalla un Matías Prats al uso que da paso a la última noticia y allí están los chicos del internado recorriendo los pasadizos del colegio. Sus caras de sorpresa presagian que acaban de descubrir algo, ¿qué será?, nada más y nada menos que a un señor trajeado interrogando a otro señor (también trajeado) acerca del avance de las obras en el túnel de Villaronda de abajo. El experto explica cómo avanzan las obras y para ilustrarlo da paso a un vídeo en el que un pobre desdichado en cueros se ha quedado sin agua caliente en la ducha, con gran decisión se dirige al teléfono para contratar gas natural mientras alguien acecha en la oscuridad esperando el momento de echar el guante al tesoro escondido en los pasadizos (del internado), pero lejos de alcanzar su objetivo se ve rodeado por un grupo de policías al mando del Comisario Castilla que están efectuando una redada en el garito de turno, en medio de la algarabía Matías Prats consigue abrirse paso para darnos las buenas noches y finalmente, la nada, la tele se ha muerto y es que con tanto ir y venir, el pobre mando ha ido a parar a la guarida de los peces, también ellos quieren participar en este juego familiar.
Y es que el mando a distancia tiene muchas cualidades: estrecha los lazos familiares, crea la televisión interactiva, favorece el ejercicio, ejercita la creatividad, ... Lo dicho, es perfecto. Pero aún hay más, porque ¿cuántos mandos podemos llegar a tener? El mando a distancia pone a prueba nuestra paciencia: enciendes la tele y arranca el CD de rock que alguien ha dejado olvidado en la cadena de música, quieres grabar un programa y el haítáculo se llena de ruidos, ajustas el sonido de la caja de sonido y aparecen los hombres de Paco, aunque el no va más es cuando suena el teléfono y contestas con el mando o enciendes el televisor con el teléfono.
Atadle un cordel al mando y, en su caso, una etiqueta, que cuando vayáis a necesitarlo estará... A DISTANCIA.