Hoy es uno de esos días en los que la ciudad se ha despertado arropada por un manto frío y gris. No invita al paseo sino al recogimiento. Uno se siente atrapado, y la inspiración se desvanece. Día para la melancolía y la nostalgia en el que la gente camina cubriéndose el rostro. Diríase que el andante se dedica a contar los baldosines de las aceras, nadie se mira a la cara, todos se ocultan. Cabría esperar un destello de luz en algún caminante despistado, ese que se atreve a despojarse de sus vestiduras grises anunciando que tras la niebla se encuentra el sol.lunes, 10 de noviembre de 2008
Niebla
Hoy es uno de esos días en los que la ciudad se ha despertado arropada por un manto frío y gris. No invita al paseo sino al recogimiento. Uno se siente atrapado, y la inspiración se desvanece. Día para la melancolía y la nostalgia en el que la gente camina cubriéndose el rostro. Diríase que el andante se dedica a contar los baldosines de las aceras, nadie se mira a la cara, todos se ocultan. Cabría esperar un destello de luz en algún caminante despistado, ese que se atreve a despojarse de sus vestiduras grises anunciando que tras la niebla se encuentra el sol.sábado, 8 de noviembre de 2008
Chicas y chicos de oro

Hace pocos días rescaté del olvido esta entrañable y divertida serie. Cuatro señoras que protagonizan mil y una historias a cuál más divertida, pero siempre con un mensaje entre líneas sobre la convivencia, las relaciones personales y la superación.
No obstante ahora quiero hablar no de estas cuatro chicas de oro sino de las que podemos encontrar muy cerca de nosotros. Yo tengo el orgullo de contar entre mis alumnos con unas chicas de oro para admirar. Tres mujeres mayores (o por lo menos eso indican sus respectivos DNI) que están dispuestas a estudiar matemáticas. Normalmente trabajo con alumnos algo más jovencitos, esos a los que por algún extraño motivo, se les atragantan las matemáticas. Sin embargo, ahora puedo premusir de poder contar con la presencia de tres mujeres de aupa para las que aprender ¡matemáticas! se ha convertido en un reto y están dispuestas a aprender. Resulta contagioso su afán por comprender eso que han tenido atragantado desde hace ni se sabe el tiempo.
La edad no es ningún obstáculo para hacer cosas nuevas. Desde aquí quiero aplaudir a tantas personas ¿mayores? que siguen ilusionándose con nuevas cosas, que se atreven con aquello que parece les está vedado, que nos dan ejemplo de superación. Lo mejor de todo es que no se agobian, van a su paso y nos demuestran que lo importante es seguir caminando, que nunca es tarde para aprender, que cada día tiene un montón de posibilidades, en definitiva, que la edad no es impedimento para seguir disfrutando de la vida.
Ojala cuando seamos chicas o chicos de oro, tengamos ese ímpetu, esa ilusión y esa decisión por llevar adelante un nuevo proyecto. Olé por ellas y por ellos.
viernes, 7 de noviembre de 2008
¿Mando a distancia?

miércoles, 5 de noviembre de 2008
Si lloras por el sol...

martes, 4 de noviembre de 2008
Bien vale una sonrisa

Recuerdo con una pequeña sonrisa aquél 4 latas familiar. Te lo voy a presentar, es fácil de imaginar: tenía un asiento delantero ocupado por el chófer, el copiloto y el que iba en medio (éste muy preto al copiloto para no entorpercer la maniobrabilidad del Fernando Alonso al uso), un asiento trasero con cinco ocupantes (cuatro iban sentados muy junticos y el quinto en el regazo de uno de ellos, pidiera o no ¡apa!) y un asiento (de fabricación propia) en lo que venía a ser el maletero, ocupado por otras tres personitas. Si las cuentas no fallan, cabían once personas. Pero no paraba allí la cosa, porque arriba de este mostruo, en la vaca y bien sujeto, iba el equipaje de todos sus ocupantes para unos tres meses.
En cierta ocasión al descargar en Jaca, destino de las vacaciones de verano, dos señoras de las de entonces que estaban tomando la fresca, al vernos desembarcar exclamaron con asombro, cuando ya habían abandonado el haitáculo la mitad de sus ocupantes: ¡pero aún salen más! Y es que era todo un espectáculo ver cómo salían chiquillos por los cuatro costados de aquél magnífico choche. Aunque lo mejor era el viaje en sí mismo. Cuatro horas desde Zaragoza hasta Jaca, sin parada alguna y sin cantearse ninguno, entre otras cosas porque no había espacio para tamaña pretensión. Y ¡claro! de alguna forma había que pasar el tiempo porque cuatro horas eran cuatro horas (eso no ha cambiado con el paso de los años) así que se oían cantos (un elefante... dos elefantes...), juegos como el veo veo, el que encontraba cómo acomodar la cabeza echaba un sueñecito, y los últimos kilómetro se veían pasar al compás del rosario. Es lo que podríamos llamar "un auténtico viaje familiar".
Ahora tal hazaña sería impensable, sobre todo si tenemos en cuenta que hasta los 12 años es obligatorio el uso de la sillita especial, ¿cómo meter en aquél cacharro 9 sillitas de estas?, lo dicho, totalmente imposible y no digamos nada acerca de la multa que ello originaría. Los tiempos cambian, lo que antaño era posible y permisible, se ha tornado en imposible e impermisible. Por otra parte también han cambiado las costumbres porque nosotros hemos cambiado. No obstante el ayer siempre perdurará, y aunque sólo sirva para arrancar una sonrisa ya merece la pena recordarlo.
Hoy te dejo con una invitación: recuerda un retazo de tu historia, revívela con cariño y comprueba que una sonrisa se ha dibujado en tu cara. Si de paso quieres compartirla, tal vez consigas fabricar montones sonrisas en montones de rostros, que buena falta nos hacen.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Feliz Navidad ¿ya?
sábado, 1 de noviembre de 2008
Caminando

Un camino, un caminante, un árbol. Al fondo una montaña y por encima la niebla ocultando la cima. La cima existe, aunque no sea visible, aunque nunca haya trepado hasta ella, aunque esté lejos. Para poder alcanzarla tal vez el caminante tenga que avanzar en dirección contraria para en algún recodo del camino, retomar el camino que conduce a ella.
¿Qué es más importante? Saber que existe o poder llegar a ella, caminar sin detenerse o descansar cuando las fuerzas fallen, esperar que levante la niebla o seguir adelante a pesar de todo, empeñarse en conseguirlo o esperar un momento más adecuado. Cada uno tendrá su propia y particular respuesta. No por ser diferentes una será más acertada que otra, porque cada uno tiene su propia visión del paisaje, sus intereses concretos y su forma de afrontar los baches del camino. ¿Qué es, en definitiva, lo único que de verdad importa? Cada uno interpreta las señales a su manera, dentro del contexto de sus sentimientos e ideales, en esa parcela donde nadie salvo él mismo puede acceder. Lo importante es respetar y aceptar lo otro, no comprenderlo tan siquiera porque haría falta ser el otro y eso por fortuna nunca ocurrirá.
Un deseo bueno para ti, ese que tú sabes y yo no necesito conocer.
