miércoles, 4 de marzo de 2009

Entre dos caminos


Llegamos al final del camino principal y ante nuestra vista aquel camino hecho de seguridad y bienestar se bifurca en dos. ¿Son iguales? No te puedes fiar de las apariencias, ya que parecen iguales pero sólo uno te conducirá a la meta deseada. ¿Cuál debo recorrer? me preguntas con una pizca de picardía y un mucho de impaciencia. No lo sé, es tu camino, sólo tú conoces la respuesta, le contesto al punto dejándome llevar por la simpatía que me inspiras y el inmenso respeto hacia tu vida, tu persona y tus decisiones.


No puedo decidir por ti, no puedes decidir por mi. Que cada cual cometa sus propios errores libremente escogidos; que cada cual se equivoque en la elección hecha sin imposiciones; que cada cual, al fin, sienta suyo el camino elegido. El acierto será suyo al igual que el error porque nada hay totalmente verdadero o falso, todo tiene un poco de las dos cosas al igual que la bifurcación del camino cuando una etapa finaliza.


Foto tomada prestada de la red


jueves, 26 de febrero de 2009

Para cuándo dice que lo quiere

Juan trabaja en un taller de reparación de automóviles. La señora Pp le ha llevado su utilitario apurada por la extrema necesidad que tiene de él. Imagina cuál será la respuesta a la pregunta que le formula Juan "¿Para cuándo dice que lo quiere?"


La señorita Zp se acaba de comprar un piso, y claro... "¿Para cuándo dice que lo quiere?". Baste decir que está viviendo de prestadillo en casa de unos amigos.


Se te ha estropeado el ordenador y lo necesitas para trabajar. Puedo imaginar tu respuesta cuando el técnico te pregunte: "¿Para cuándo dice que lo quiere?"


la tele hace aguas (bueno, en realidad hace nieve), parece ser que la antena tiene problemas. El técnico de turno se presenta, echa un vistazo y te dice: "¿Para cuándo dice que lo quiere?" mientras estás pensando en el partido de la noche.


Y así podría citar montones de situaciones parecidas. Pero veamos la otra cara del asunto: cómo reaccionan los interpeladores al recibir la respuesta de los interpelados. Tal vez guarden muy bien las apariencias, pero no me extrañaría nada que fuera lo que a continuación te muestro


viernes, 20 de febrero de 2009

Me pongo mi cara de papel



Me pongo mi cara de papel
porque es carnaval


Me pongo mi cara de papel
cuando deseo esconderme


Me pongo mi cara de papel
porque es carnaval

Me pongo mi cara de papel
cuando huyo de tus ojos

Me pongo mi cara de papel
cuando...





viernes, 13 de febrero de 2009

Observar un cuadro

Recuerdo un programa de televisión de hace ya algunos años, en el que se comentaba un cuadro. En primer lugar alguien hablaba de su autor, de su época, y hacía referencia a su estilo y demás características pictóricas. A continuación una serie de personas de todas las edades y condiciones expresaban sus impresiones, en definitiva, lo que el cuadro les sugería.


Pues bien, aunque no se trata de ninguna obra de arte al uso, sí me gustaría comunicarte esas pequeñas cosas que me dice esta foto, porque las fotografías, al igual que los dibujos, hablan, eso sí, a cada uno le dicen cosas distintas aún tratándose de la misma inamovible imagen. Te invito a que compartas lo que a ti te dice.


Parecen iguales pero todas son diferentes. Incluso las de la misma especie o familia son distintas unas de otras.


Mezcla de colores, variedad agradable a la vista, aunque los ojos no lo perciban en toda su grandeza.


Las hojas verdes hacen de alfombra, no para que la pisoteen, sino para cobijar aquellas flores que son más frágiles y fácilmente se pueden romper.


Pintas rojas casi imperceptibles, botones amarillos en un manto blanco, sinfonía de colores, dulce ritmo de sonidos minúsculos bailando al compás de la vida.


Añoranza de otro tiempo, anhelo de un futuro no existente, agradecimiento por un presente que es lo que expresa mediante un lenguaje que sólo se comprende sin articular palabras.


Feliz fin de semana, amigo.


jueves, 5 de febrero de 2009

Sin palabras o... casi

Escucha el sonido sin palabras


Escucha el silencio que no lo es



No olvides que también el silencio puede hacer mucho ruido




miércoles, 28 de enero de 2009

Todo es posible, incluso el miedo

Había salido a comprar como cada mañana. La tienda de la esquina estaba abierta y a diferencia del resto de la semana, los lunes estaba prácticamente vacía. Lo que me llamó la atención fue que estuviera sirviendo en la calle, el establecimiento permanecía envuelto en una oscuridad inusual. Compró algo de carne para ese día y no acababa de comprender por qué se la habían servido cocida, no obstante no dijo nada pues para el resto de clientes aquello parecía ser de lo más normal.

Pensaba cómo le iba a decir a su hija lo ocurrido en la tienda cuando un coche paró a su altura, le preguntaron por un colegio que ella conocía y decidió acompañarles hasta la puerta ya que no había forma de hacerse entender por el conductor del vehículo.

Una vez llegaron al colegio, pensó que necesitaba algo de pan y como ya estaría cerrada la panadería, qué mejor que pedírselo a las monjas. La puerta estaba ya cerrada pues los alumnos acababan de salir de clase, así que tuvo que hacer valer su amistad con aquellas monjas para que el portero le permitiera acceder a su interior.

Con el pan y la carne fue al encuentro de su hija que de repente apareció por los alrededores. Decidieron ir a recoger el coche para ir a casa. No llevaban ni un minuto caminando cuando el cielo empezó a oscurecerse. Miró hacia el cielo esperando verlo cubierto de nubes pero no las encontró, simplemente se estaba haciendo de noche, lo extraño es que eran las 3 de la tarde y aquello no podía estar ocurriendo.

Decidieron que la hija se adelantaría para recoger a su madre con el coche. Aquella desapareció de su vista en un abrir y cerrar de ojos, el mismo tiempo que tardó en oscurecerse completamente, pero no era una oscuridad normal, aquella negrura asfixiaba, presagiando algo indescriptible pero que provocaba el pánico. Sólo tenía una preocupación, y era si su hija estaría a salvo, si habría llegado hasta el coche, porque la angustia que sentía era real y estaba claro que algo horrible estaba pasando o estaba a punto de pasar.

Cuando le faltaban escasamente dos o tres metros para alcanzar el coche en el que se suponía la esperaba su hija, un ruido sordo y repentino le hizo estremecerse aún más. Con un gesto rutinario apagó el despertador, abrió los ojos y… todo había sido un sueño.

jueves, 22 de enero de 2009

Mafaldadicta

Me declaro abiertamente y sin tapujos "mafaldadipta". Exactamente es lo que estás pensando. Me encanta esa forma tan peculiar de decir las cosas, sin pelos en la lengua y al mismo tiempo con un deje de humor, o más de bien, de sana ironía.

Para muestra, un botón:



No me dirás que no le falta razón a la buena de Mafalda. (Este mejor no enseñarlo a los hijos)

Tampoco tiene desperdicio la forma tan sutil de ver la paz, su presente y muy posiblemente, su futuro. Observa y no pierdas detalle:



Aunque para surrealismo el siguiente:



Es difícil pasar por alto su particular forma de entender el mundo, y no digamos de los gobernantes:




No obstante, lo más alucinante es cuando se dirige a sus padres, creo que empiezan a temblar cuando Mafalda abre la boca, porque tiene preguntitas de aupa.



Muchas cosas podría deciros de Mafalda. pero por ahora lo dejaremos como está. Sólo he pretendido tocar algunas conciencias, provocar alguna sonrisa y compartir algo de mí.


Feliz día.