Juan trabaja en un taller de reparación de automóviles. La señora Pp le ha llevado su utilitario apurada por la extrema necesidad que tiene de él. Imagina cuál será la respuesta a la pregunta que le formula Juan "¿Para cuándo dice que lo quiere?"
La señorita Zp se acaba de comprar un piso, y claro... "¿Para cuándo dice que lo quiere?". Baste decir que está viviendo de prestadillo en casa de unos amigos.
Se te ha estropeado el ordenador y lo necesitas para trabajar. Puedo imaginar tu respuesta cuando el técnico te pregunte: "¿Para cuándo dice que lo quiere?"
la tele hace aguas (bueno, en realidad hace nieve), parece ser que la antena tiene problemas. El técnico de turno se presenta, echa un vistazo y te dice: "¿Para cuándo dice que lo quiere?" mientras estás pensando en el partido de la noche.
Y así podría citar montones de situaciones parecidas. Pero veamos la otra cara del asunto: cómo reaccionan los interpeladores al recibir la respuesta de los interpelados. Tal vez guarden muy bien las apariencias, pero no me extrañaría nada que fuera lo que a continuación te muestro
