Había salido a comprar como cada mañana. La tienda de la esquina estaba abierta y a diferencia del resto de la semana, los lunes estaba prácticamente vacía. Lo que me llamó la atención fue que estuviera sirviendo en la calle, el establecimiento permanecía envuelto en una oscuridad inusual. Compró algo de carne para ese día y no acababa de comprender por qué se la habían servido cocida, no obstante no dijo nada pues para el resto de clientes aquello parecía ser de lo más normal.
Pensaba cómo le iba a decir a su hija lo ocurrido en la tienda cuando un coche paró a su altura, le preguntaron por un colegio que ella conocía y decidió acompañarles hasta la puerta ya que no había forma de hacerse entender por el conductor del vehículo.
Una vez llegaron al colegio, pensó que necesitaba algo de pan y como ya estaría cerrada la panadería, qué mejor que pedírselo a las monjas. La puerta estaba ya cerrada pues los alumnos acababan de salir de clase, así que tuvo que hacer valer su amistad con aquellas monjas para que el portero le permitiera acceder a su interior.
Con el pan y la carne fue al encuentro de su hija que de repente apareció por los alrede
dores. Decidieron ir a recoger el coche para ir a casa. No llevaban ni un minuto caminando cuando el cielo empezó a oscurecerse. Miró hacia el cielo esperando verlo cubierto de nubes pero no las encontró, simplemente se estaba haciendo de noche, lo extraño es que eran las 3 de la tarde y aquello no podía estar ocurriendo.
Decidieron que la hija se adelantaría para recoger a su madre con el coche. Aquella desapareció de su vista en un abrir y cerrar de ojos, el mismo tiempo que tardó en oscurecerse completamente, pero no era una oscuridad normal, aquella negrura asfixiaba, presagiando algo indescriptible pero que provocaba el pánico. Sólo tenía una preocupación, y era si su hija estaría a salvo, si habría llegado hasta el coche, porque la angustia que sentía era real y estaba claro que algo horrible estaba pasando o estaba a punto de pasar.
Cuando le faltaban escasamente dos o tres metros para alcanzar el coche en el que se suponía la esperaba su hija, un ruido sordo y repentino le hizo estremecerse aún más. Con un gesto rutinario apagó el despertador, abrió los ojos y… todo había sido un sueño.
Pensaba cómo le iba a decir a su hija lo ocurrido en la tienda cuando un coche paró a su altura, le preguntaron por un colegio que ella conocía y decidió acompañarles hasta la puerta ya que no había forma de hacerse entender por el conductor del vehículo.
Una vez llegaron al colegio, pensó que necesitaba algo de pan y como ya estaría cerrada la panadería, qué mejor que pedírselo a las monjas. La puerta estaba ya cerrada pues los alumnos acababan de salir de clase, así que tuvo que hacer valer su amistad con aquellas monjas para que el portero le permitiera acceder a su interior.
Con el pan y la carne fue al encuentro de su hija que de repente apareció por los alrede

Decidieron que la hija se adelantaría para recoger a su madre con el coche. Aquella desapareció de su vista en un abrir y cerrar de ojos, el mismo tiempo que tardó en oscurecerse completamente, pero no era una oscuridad normal, aquella negrura asfixiaba, presagiando algo indescriptible pero que provocaba el pánico. Sólo tenía una preocupación, y era si su hija estaría a salvo, si habría llegado hasta el coche, porque la angustia que sentía era real y estaba claro que algo horrible estaba pasando o estaba a punto de pasar.
Cuando le faltaban escasamente dos o tres metros para alcanzar el coche en el que se suponía la esperaba su hija, un ruido sordo y repentino le hizo estremecerse aún más. Con un gesto rutinario apagó el despertador, abrió los ojos y… todo había sido un sueño.