
viernes, 28 de noviembre de 2008
La a es la primera

jueves, 27 de noviembre de 2008
Día del Maestro

miércoles, 26 de noviembre de 2008
Toc, toc, ¿quién soy?

¿Quién llama?
Deberías saberlo, tú me has llamado
No recuerdo haberte llamado
Primero deberías preguntarme quién soy
Está bien, ¿quién eres?
Deberías saberlo, tú me has llamado
(está visto que el oído no le funciona bien) Repito que yo no te he llamado
Mírate en el espejo
(no entiendo nada, mejor le sigo la corriente) Ya lo he hecho
¿Qué ves?
(pues vaya preguntita…) Un tipo que se parece a mí
(Este se está pasando de listillo) Ahí tienes la respuesta
(ya es oficial, majareta perdido) ¿Eres yo?
No, yo no soy tú, tú eres yo
Es lo que acabo de decirte
Creo que te equivocas. Tú has dicho que yo soy tú, pero yo no soy tú, sino que tú eres yo
(Mejor me olvido o me veo en un psiquiátrico)
¿Por qué no me dices lo que estás pensando?
(esto no está pasando. Pero ¿quién me habla?)
Toc, toc
(pues no se ha largado. ¿Qué le digo para que me deje en paz?) Tienes razón, tú eres yo
Que no te enteras majete, acabo de decirte que yo no soy tú
Pues eso he dicho, que tú eres yo
(Está visto que no se entera, a ver si con la siguiente tengo más suerte) ¿Dónde estoy?
(pito, pito, golgorito,…) Estás en mi cabeza (esta vez he dado en el blanco)
(este se piensa que me engaña) Frío, frío
Pues sí, hace bastante frío
¿Quién te ha preguntado por el tiempo?. Digo que frío, frío te vas a quedar si no sabes contestarme
¿Se puede saber por qué me estás dando la tabarra?
Las preguntas las hago yo
(no te fastidia, encima respondón) Me largo, adiós
No te va a servir de nada
(¿pero que estoy haciendo?, estoy hablando solo)
¿No dices nada?
Digo que me dejes en paz, me estás hinchando las narices
(Esto mejora, por lo menos tiene genio) Voy a recordarte la pregunta: ¿quién soy?
(¿dónde está el número del loquero?)
Te lo preguntaré de otra forma, ¿cuántos son uno más uno?
(creo que se llamaba Dr. Ma…) A eso sí puedo responderte y no me vengas con historias. Uno más uno es igual a dos
Cero
¿Cero?
Sí, cero, no has contestado bien a mi pregunta
(tranquilo, Dr. Mart…, ¿dónde estará el dichoso número?) 1 + 1 = 2, lo que te había dicho, la calculadora me da la razón
¿Y de qué te sirve una calculadora para lo que te pregunto?
(… tal vez este en la agenda) No sé lo que pretendes, para volverme loco no necesito ninguna ayuda, gracias
De nada
(Y se creerá que tiene gracia, ¿dónde he metido mi agenda?) Haznos un favor, a mí y al mundo, ¡desaparece!
Si desaparezco, tú también desaparecerás (creo que ya lo he mareado bastante, a la siguiente le echo un cable)
Para que te enteres, yo no voy a ninguna parte (agenda, ¿dónde estás?) y menos contigo
Está bien, te daré una pista. Uno más uno es igual a uno
(Loco, loco de remate, pero…) Estás como una chota
No vivo en una choza, pero casi
(encima sordo como una tapia y la agenda sin aparecer) Te propongo un trato, tú te callas y yo…
Me callaré cuando tú quieras
(No se ha fastidiado, haberlo dicho antes) Quiero que te calles
No puedo, no me dejas
(en el cajón no está, en la mesa…, tampoco, lo que me faltaba, he perdido mi agenda. Y si…) Si tanto te gusta hablar que no te callas ni debajo del agua, dime, ¿dónde está mi agenda?
Mira debajo de ese de montón de papeles que tienes a tu derecha, al lado de la calculadora
Gracias
De nada
(Dios mío, está donde él me ha dicho) ¿Es este uno de esos programas de cámara oculta?
Frío, frío
Me rindo. La agenda estaba dónde tú me has dicho, te ogio (perdón) te oigo aunque no te veo. Estoy loco de remate
¿Te rindes ahora que estabas tan cerca? Eso sí que no me lo esperaba
(no te digo, ahora que estabas tan cerca, sí, del manicomio) Tú no eres yo, pero yo soy tú; hablo contigo y no te veo; sabes dónde tengo mi agenda ¿y qué más? Ah sí, uno más uno es igual a uno. Y para más inri me dices que ahora estoy cerca
Ya veo que resumes muy bien la situación, ahora contesta a mi pregunta y te dejaré en paz (de momento)
¿Qué pregunta? Con tanto ir y venir ya no sé ni dónde tengo la cabeza
¿Quién soy yo?
(Ah eso…, veamos, tú no eres yo, pero yo soy tú. Allá voy y que Dios reparta suerte) Yo soy tú
Hasta mañana
¿Ya está? ¿eso es todo? ¿hasta mañana?
…….
¿Me has oído? (menos mal que he encontrado la agenda, mañana que me busque en el…, mejor no le doy pistas, no vaya a ser que se presente)
(De eso puedes estar bien seguro)
domingo, 23 de noviembre de 2008
Y tú, ¿qué dices?

jueves, 20 de noviembre de 2008
Un pinar, una calle, un día

martes, 18 de noviembre de 2008
Lugar entre colinas

sábado, 15 de noviembre de 2008
El dique seco

miércoles, 12 de noviembre de 2008
¿2 x 2?

lunes, 10 de noviembre de 2008
Niebla

sábado, 8 de noviembre de 2008
Chicas y chicos de oro

Hace pocos días rescaté del olvido esta entrañable y divertida serie. Cuatro señoras que protagonizan mil y una historias a cuál más divertida, pero siempre con un mensaje entre líneas sobre la convivencia, las relaciones personales y la superación.
No obstante ahora quiero hablar no de estas cuatro chicas de oro sino de las que podemos encontrar muy cerca de nosotros. Yo tengo el orgullo de contar entre mis alumnos con unas chicas de oro para admirar. Tres mujeres mayores (o por lo menos eso indican sus respectivos DNI) que están dispuestas a estudiar matemáticas. Normalmente trabajo con alumnos algo más jovencitos, esos a los que por algún extraño motivo, se les atragantan las matemáticas. Sin embargo, ahora puedo premusir de poder contar con la presencia de tres mujeres de aupa para las que aprender ¡matemáticas! se ha convertido en un reto y están dispuestas a aprender. Resulta contagioso su afán por comprender eso que han tenido atragantado desde hace ni se sabe el tiempo.
La edad no es ningún obstáculo para hacer cosas nuevas. Desde aquí quiero aplaudir a tantas personas ¿mayores? que siguen ilusionándose con nuevas cosas, que se atreven con aquello que parece les está vedado, que nos dan ejemplo de superación. Lo mejor de todo es que no se agobian, van a su paso y nos demuestran que lo importante es seguir caminando, que nunca es tarde para aprender, que cada día tiene un montón de posibilidades, en definitiva, que la edad no es impedimento para seguir disfrutando de la vida.
Ojala cuando seamos chicas o chicos de oro, tengamos ese ímpetu, esa ilusión y esa decisión por llevar adelante un nuevo proyecto. Olé por ellas y por ellos.
viernes, 7 de noviembre de 2008
¿Mando a distancia?

miércoles, 5 de noviembre de 2008
Si lloras por el sol...

martes, 4 de noviembre de 2008
Bien vale una sonrisa

Recuerdo con una pequeña sonrisa aquél 4 latas familiar. Te lo voy a presentar, es fácil de imaginar: tenía un asiento delantero ocupado por el chófer, el copiloto y el que iba en medio (éste muy preto al copiloto para no entorpercer la maniobrabilidad del Fernando Alonso al uso), un asiento trasero con cinco ocupantes (cuatro iban sentados muy junticos y el quinto en el regazo de uno de ellos, pidiera o no ¡apa!) y un asiento (de fabricación propia) en lo que venía a ser el maletero, ocupado por otras tres personitas. Si las cuentas no fallan, cabían once personas. Pero no paraba allí la cosa, porque arriba de este mostruo, en la vaca y bien sujeto, iba el equipaje de todos sus ocupantes para unos tres meses.
En cierta ocasión al descargar en Jaca, destino de las vacaciones de verano, dos señoras de las de entonces que estaban tomando la fresca, al vernos desembarcar exclamaron con asombro, cuando ya habían abandonado el haitáculo la mitad de sus ocupantes: ¡pero aún salen más! Y es que era todo un espectáculo ver cómo salían chiquillos por los cuatro costados de aquél magnífico choche. Aunque lo mejor era el viaje en sí mismo. Cuatro horas desde Zaragoza hasta Jaca, sin parada alguna y sin cantearse ninguno, entre otras cosas porque no había espacio para tamaña pretensión. Y ¡claro! de alguna forma había que pasar el tiempo porque cuatro horas eran cuatro horas (eso no ha cambiado con el paso de los años) así que se oían cantos (un elefante... dos elefantes...), juegos como el veo veo, el que encontraba cómo acomodar la cabeza echaba un sueñecito, y los últimos kilómetro se veían pasar al compás del rosario. Es lo que podríamos llamar "un auténtico viaje familiar".
Ahora tal hazaña sería impensable, sobre todo si tenemos en cuenta que hasta los 12 años es obligatorio el uso de la sillita especial, ¿cómo meter en aquél cacharro 9 sillitas de estas?, lo dicho, totalmente imposible y no digamos nada acerca de la multa que ello originaría. Los tiempos cambian, lo que antaño era posible y permisible, se ha tornado en imposible e impermisible. Por otra parte también han cambiado las costumbres porque nosotros hemos cambiado. No obstante el ayer siempre perdurará, y aunque sólo sirva para arrancar una sonrisa ya merece la pena recordarlo.
Hoy te dejo con una invitación: recuerda un retazo de tu historia, revívela con cariño y comprueba que una sonrisa se ha dibujado en tu cara. Si de paso quieres compartirla, tal vez consigas fabricar montones sonrisas en montones de rostros, que buena falta nos hacen.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Feliz Navidad ¿ya?
sábado, 1 de noviembre de 2008
Caminando

Un camino, un caminante, un árbol. Al fondo una montaña y por encima la niebla ocultando la cima. La cima existe, aunque no sea visible, aunque nunca haya trepado hasta ella, aunque esté lejos. Para poder alcanzarla tal vez el caminante tenga que avanzar en dirección contraria para en algún recodo del camino, retomar el camino que conduce a ella.
¿Qué es más importante? Saber que existe o poder llegar a ella, caminar sin detenerse o descansar cuando las fuerzas fallen, esperar que levante la niebla o seguir adelante a pesar de todo, empeñarse en conseguirlo o esperar un momento más adecuado. Cada uno tendrá su propia y particular respuesta. No por ser diferentes una será más acertada que otra, porque cada uno tiene su propia visión del paisaje, sus intereses concretos y su forma de afrontar los baches del camino. ¿Qué es, en definitiva, lo único que de verdad importa? Cada uno interpreta las señales a su manera, dentro del contexto de sus sentimientos e ideales, en esa parcela donde nadie salvo él mismo puede acceder. Lo importante es respetar y aceptar lo otro, no comprenderlo tan siquiera porque haría falta ser el otro y eso por fortuna nunca ocurrirá.
Un deseo bueno para ti, ese que tú sabes y yo no necesito conocer.